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Capítulo 3
La parte superior y la cubierta de sus tacos es de dermis vacuna curtida al zumaque y teñidos a pincel con colorantes negros de origen vegetal.
El interior está forrado con cabritilla blanca con una hoja negra, como detalle, en la parte posterior de la plantilla. La estructura de sus tacos - de fibra de carbono y de diez centímetros de alto - está empotrada en la suela de cuero de toro rebajado, tienen un finísimo acabado y una presencia soberbia.
-¿Son lindos?-
-Sí- Responde Lux, moviendo lentamente la cabeza de arriba hacia abajo y viceversa como si hubiere un inconveniente que no es la belleza de los zapatos - que sí la tienen - pero sí esa sensación escalofriante de docilidad que se produce al tocarlos, como si se adelantaran una milésima de segundos a los movimientos que se les quiere dar y esa aura helada que los envuelve y que se la pude sentir a menos de un metro.
-¡Me muero por usarlos!
¿Qué te parece si vamos a mi casa? - Invita Triz, alejada de la realidad y de los lúgubres pensamientos de su amiga.
- Sí, me parece bien - Indica Lux, con su mejor sonrisa; estaba cansada, pero debía decirle a Triz lo que había percibido en la boutique y que la coqueta bolsa - color vino - en que traía los zapatos estaba cubierta de cristales de hielo como si hubiera sido guardada por horas en una nevera. En tanto Triz, en estado de paroxismo, disfrutaba su gélida compra. En pocos minutos ya estaban en la elegante casa de ladrillos rojos de la Avenida de Las Américas, el dueño de la casa y tesorero del banco LLoyd de Nueva York, Nicoletto, aún no había llegado y faltaba mucho - más de tres horas - por eso Triz decide llamarlo por teléfono para comentarle que había comprado unos zapatos bellísimos y que viniera pronto para que los viera y lo comprobara con sus propios ojos.
- Nicoletto, como estás mi amor, quiero comentarte algo.
- Sí, de que se trata.
- De una compra que hice.
Me encontré con Lux, a la salida del trabajo, y nos fuimos a Ye-Yé a tomar gaseosas y después a caminar por la 5ta. Avenida hacia el Central Park y, ahí, a metros de la calle 50ta. había en el escaparate de la boutique de un señor Manolo unos zapatos tacos altos lindísimos y los compré.
Quiero que vengas pronto.
- En una hora estaré por ahí - Afirma Nicoletto, un poco sorprendido por el entusiasmo de su mujer a quién nunca le faltaron buenos vestidos y buenos zapatos.
Entre tanto, la coqueta bolsa color vino estaba sobre una mesa y Lux la observaba como si muy pronto fuera a levantar vuelo; no se atrevía a tocarla, no quería mirarla por temor a que Triz notara su temor y pensara que se estaba volviendo loca, menos aún se atrevía a informar sus observaciones - especialmente después de la charla que su amiga había tenido con su esposo - quería ser la última en enterarse de lo que allí sucedía por considerar que era la mejor forma de no ser juzgada por algo que ella sabía y su amiga no - que por culpa de esos zapatos estaba a punto de volverse loca -.
A los pocos minutos Lux se despidió de Triz y regresó a su departamento a pocos metros de la casa de su amiga, quien se puso a regar las plantas apoyadas en los marcos de las ventanas y a jugar con Gala la perra basset alemana - salchicha - de pelo color tierra con tintes rojo y amarillo en sus patas y en la punta de sus orejas de mirada dulce y color del ébano que Nicoletto le había regalado para su cumpleaños número veinte. Triz adora a este pequeño y simpático animalito que además le corresponde con su afecto porque la sigue por toda la casa para que la acompañe en sus juegos, para husmear en todo lo que hace o simplemente para estar a su lado. La extraña conducta de este animal fue la primera advertencia para Triz de que algo extraño estaba sucediendo, pues normalmente Gala se abalanza - sin ninguna consideración - sobre todo paquete que ingrese a su territorio para posarle su largo y frío hocico y, así, saciar su gran curiosidad. Nada de esto sucedió con la " coqueta bolsa color vino ": se limitó a observarla con su cuerpo muy agazapado - desde una distancia prudencial - y con la mirada fija en la bolsa, como si allí hubiere un pequeño animal, ¡ de pronto ! sale ladrando y corriendo en sentido contrario - muy asustada - llevando por delante a Nicoletto que acaba de entrar, quién la levanta y trata de calmarla apoyándola fuertemente contra su pecho, Gala tiembla y no de frío, tiembla porque algo sobrenatural ha sucedido y que su extrema sensibilidad ha detectado más allá de los sentidos humanos, de las percepciones de Triz y de Nicoletto.
-¿Cómo estás? - Pregunta Triz a su esposo mientras lo saluda con un beso.
Quiero que veas los zapatos.
La perrita se asustó mientras estaba agazapada mirando la bolsa, no se qué vio-. Comenta Triz mientras camina hacia la "bolsa color vino", en tanto Gala se escapa de los brazos de Nicoletto y se ubica lejos y muy atenta a todo lo que allí sucede, un globito en el lado derecho de su hocico delata su estado de máxima tensión.
Ahí estaba la bolsa y ahí estaban los zapatos: nada de lo que había aterrado a Lux y a la perra Gala se condecía con la presencia bellísima de los mismos, todo era calma y tranquilidad, Triz con movimientos pausados y muy circunspecta - disfrutando su gran momento - se calzaba los zapatos que le acercaba su esposo. Le sentaban perfectos, parecían una natural prolongación de la belleza de su dueña, comenzó a caminar por toda la casa - con soltura y prestancia - daba la sensación de que siempre los había tenido y de que no habría otros zapatos en lo sucesivo, Nicoletto la miraba complacido por verla feliz sabiendo en lo más profundo de su alma que algo no estaba bien, no comprendía cómo esos solitarios zapatos habían fascinado tanto a Triz, se sentía confundido, por eso, sólo atinó a abrazarla en silencio y a hacerle un gesto con el dedo pulgar hacia arriba en clara señal de "está todo bien", pero era necesario decirlo ante un acontecimiento tan natural y trivial como se supone que es la compra de un par de zapatos, seguramente sí, porque todos sabían que Lux acostumbraba quedarse un buen rato con ellos dada la cercanía de su casa, sin embargo, se había ido a los pocos minutos de llegar sin esperar que se los probara, por otro lado tenemos el comportamiento de Gala que miraba a su dueña desde cierta distancia fijamente a los pies sin atreverse a acercarse como lo hace habitualmente para apoyar su hocico y así dar su consentimiento, miraba los zapatos desde lejos porque no los quería, les temía por las circunstancias diversas que habían observado tanto ella- que los miraba atentamente desde un rincón - como Lux y Nicoletto que se mantenían pensativos, uno - a pocos metros - en su casa, el otro en el trance de ser su esposa la dueña de los zapatos.
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Exp. 456125